Una vez en quirófano, el cirujano realiza una incisión de forma horizontal por encima del vello pubiano. Ésta puede alargarse hasta la cadera, según la cantidad de piel y grasa que se deba extraer. Tras este paso, se levanta la piel hasta las costillas y se procede a estirar hacia abajo para eliminar la piel sobrante. En las mini-abdominoplastias la incisión se realiza alrededor del ombligo.

Las cicatrices de estas incisiones quedan ocultas tras la línea prepubiana. Pasado un año tras la intervención las cicatrices mejoran su apariencia, serán más planas y más claras. Si se realiza un cuidado adecuado de las cicatrices, llegarán a ser casi imperceptibles.